Número 15

EDITORIAL:  ÉTICA PARA TODOS

El profesor José Antonio Marina, en un ensayo que es ya un éxito editorial, «Dictamen sobre Dios», desde una visión desprejuiciada y agnóstica que se sigue con mucho interés, busca a Dios -su existencia- a través de las múltiples religiones conocidas.

 

Lo de menos es que lo halle o no, porque la existencia de Dios pertenece al ámbito personal de las creencias, y ni siquiera resulta novedoso -ni es propósito del ensayo- el análisis de las religiones y «su efecto civilizador», que ya hiciera Mircea Elíade.

 

Lo que resulta destacable en el ensayo de Marina, y una de las conclusiones de su dictamen, es la tesis de que las religiones crearon la moral, pero que hoy día la ética se ha convertido en juez de las propias morales religiosas.

 

Lo es en la medida en que las morales religiosas han sido cuestionadas o enriquecidas -moderadas o rebasadas- singularmente por las aportaciones del humanismo y los postulados sobre los derechos del hombre.

 

La ética de la que nos habla el profesor Marina no excluye las morales religiosas, aunque sí la sitúa como posible referente crítico de ellas, evita la segmentación del pensamiento religioso y permite un código universal de creencias.

 

La búsqueda de Dios es, definitivamente, un camino individual, pero es perceptible que las diferentes religiones tienen concepciones diferentes de Dios y de la moral. La fragmentación del hecho religioso ahonda las diferencias entre los hombres.

 

¿Cómo armonizar diferentes y, generalmente, excluyentes «verdades»? El diálogo entre religiones es

posible, pero difícil. Más fácil, a partir de las propias creencias religiosas, que no es preciso «a priori» cuestionar, es asumir un plus superpuesto.

 

La ética de la que nos habla el profesor Marina, elenco de convicciones comunes, es desde luego una «máxima moralia», como diría Aranguren, y su valor -con independencia y bajo el respeto de las religiones- es el de su racionalización.

 

Por consiguiente, la ética, como «supermoral», es una vía hacia el entendimiento entre los hombres, un factor de convivencia que puede resolver los conflictos entre los seres humanos, un camino para el entendimiento y el respeto.

 

La tesis de Marina coincide con la de muchos pensadores de nuestros días, que sostienen la necesidad de un código ético universal que puedan asumir los seres humanos de toda etnia, creencia o condición.

 

Es también el núcleo de la francmasonería. Su trilogía clásica: libertad, igualdad, fraternidad es, posiblemente, el intento más antiguo de construir la casa de todos los hombres bajo el mismo techo ético.

 

Unir lo diferente, convivir en la complejidad, respetar lo distinto, han de ser los fundamentos de una civilización diferente, que no busque diferencias para separar, sino razones para integrar.

 

Por eso, el ensayo de José Antonio Marina es una lúcida reflexión sobre las más íntimas necesidades  del hombre, un intento racional de superar las diferencias más profundas, una vía hacia la paz y la concordia.

 

Unir lo diferente, convivir en la complejidad, respetar lo distinto, han de ser los fundamentos de una civilización diferente...