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Un intento de definición


Hacia un
intento de definición
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Por esta razón se puede afirmar que, a pesar de la variedad de Obediencias y matices, todas las Masonerías son coincidentes en la definición recogida en el Diccionario Enciclopédico de la Masonería. Dice así: La Masonería es una Asociación universal, filantrópica, filosófica y progresiva; procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes, desarrollar en el corazón humano los sentimientos de abnegación y caridad, la tolerancia religiosa, los deberes de la familia; tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias y de intereses, uniendo a todos los hombres por los lazos de la solidaridad, y confundiéndoles en un tierno afecto de mutua correspondencia. Procura, en fin, mejorar la condición social del hombre, por todos los medios lícitos, y especialmente por la instrucción, el trabajo y la beneficencia. Tiene por divisa Libertad, Igualdad, Fraternidad.

Por lo que respecta a la Masonería española, dentro de la multiplicidad de obediencias que ha caracterizado su historia a lo largo de los siglos XIX y XX, se puede decir que su autodefinición apenas sufre cambios substanciales. Tres fechas de referencia pueden servir de ejemplo: 1890, 1937 y 1977.

El Grande Oriente Nacional de España en su Constitución de 1890, publicada en 1893, se autodefine diciendo que la Francmasonería no es una religión positiva, ni una escuela filosófica, ni un partido político. Rechaza todo exclusivismo, y su doctrina y sus principios son universales, puesto que en lo fundamental conviene con los dogmas, principios y doctrinal de todas las religiones, de todas las escuelas, de todos los partidos. Reconoce y proclama la armonía de los mundos, creada y sostenida por el Gran Arquitecto del Universo. El Gran Arquitecto es causa eterna, ley primordial y Suprema razón del Universo. Es eterno, y eternamente trabaja. Respecto a la finalidad de la Masonería se lee en dicha Constitución que consiste en promover la civilización, ejerce la beneficencia y tiende a purificar el corazón, mejorando las costumbres y combatiendo el vicio; mantiene el honor en los sentimientos y disipa la ignorancia y el error, propagando la ilustración en todas las clases sociales.


Por su parte el Grande Oriente Español, en su Constitución del año 1934, declara que la Francmasonería es un movimiento del espíritu, dentro del cual tienen cabida todas las tendencias y convicciones favorables al mejoramiento moral y material del género humano. La Francmasonería no se hace órgano de ninguna tendencia política o social determinada. Su misión es la de estudiar desinteresadamente todos los problemas que conciernen a la vida de la humanidad para hacer su vida más fraternal. La Francmasonería declara reconocer, por base de su trabajo, un principio superior e ideal, el cual es generalmente conocido por la denominación de Gran Arquitecto del Universo. No recomienda ni combate ninguna convicción religiosa, y añade que ni puede, ni debe, ni quiere poner límites, con afirmaciones dogmáticas sobre la Causa Suprema a las posibilidades de libre investigación de la verdad.

Finalmente, una definición que data de junio de 1977, debida al entonces Soberano Gran Comendador del Grado 33 para España, don Juan Pablo García Alvarez, dice así: La Masonería no es un partido político, no es un sindicato, no es ni siquiera un grupo de presión. No intenta, ni lo desea, tomar el poder político, porque la masonería no pretende reformar la sociedad, ya que el único fin que persigue es perfeccionar al hombre, individualmente considerado. La enseñanza de la masonería es de carácter moral y filantrópico, despierta el espírítu crítico de los individuos, así como el odio a las tiranías. Así se explica que las tiranías, ya sean de tipo fascista o comunista siempre persiguen a la masonería. Y más adelante dirá que la masonería se apoya en un fuerte sentimiento religioso, pues no podemos admitir a nadie que no declare creer en Dios, y para que ese Dios cubra todas las religiones --pues la masonería es universal-- le llamamos "Gran Hacedor del Universo". Nuestras reuniones no son válidas si no invocamos al principio y al final de las sesiones al Gran Arquitecto del Universo, es decir, a Dios, y si no está sobre el ara de nuestros templos el libro de cada religión; en nuestro caso la Biblia. Por tanto, rechazamos totalmente el ateísmo.

Frente a estas definiciones que nos presentan una Masonería muy distinta de la que, tal vez, hasta ahora nos imaginábamos, hay que recordar, como reflexión final, y para evitar ciertas susceptibilidades, que la Masonería, como cualquier otra institución por muy sagrada que ésta sea, por muy altos ideales que se proponga, por muy maravillosos que sean sus fines, al estar constituida por seres humanos, no es de extrañar que adolezca por fuerza de serios defectos y contradicciones, de arribismos insolidarios y de falsos y enfermizos protagonismos, que por otra parte no empañan --o no deben empañar-- la esencia misma de la institución.

Pues por encima de casos concretos, de momentos históricos pasados o presentes, de características nacionales o locales más o menos heterodoxos, la Masonería, en cuanto organización de ámbito universal doblemente secular, no es, ni ha sido, ese mito maniqueo donde los unos sólo han visto y siguen viendo maldad, intriga y contubernio, y los otros a la preclara responsable de todo lo bueno --progresivamente hablando-- que ha sucedido durante los tres últimos siglos.

La Masonería real --y en concreto la española--, la que fue y actuó en el pasado, con sus claroscuros, con sus aciertos y errores, con su leyenda rosa o negra, con su anticlericalismo a ultranza y su fervoroso patriotismo, con su antidogmatismo en muchos casos dogmáticos, con sus enemigos de ayer y de hoy, pertenece en gran medida al campo de la Historia, de una historia que en parte todavía está por hacer y descubrir, aunque hoy día ya la empezamos a conocer mejor, y que confiamos que en un futuro no muy lejano despejará algunas de las muchas incógnitas e ideas fijas que todavía rodean a la que unos califican despectivamente de secta y otros prefieren llamar la Orden del Gran Arquitecto del Universo.