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Levantamiento de Columnas de la R:.L:. Conde de Aranda
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Don Pedro Abarca de Bolea, y el que sería Conde de Aranda, se dice que desde muy joven ignoraba el miedo. Aprendió con gran interés diferentes ciencias, como leer los astros en el cielo, geometría y arquitectura, entre otras. Muy joven le asignaron esposa, su prima Ana María del Pilar Fernández de Híjar. Participó en diferentes batallas, demostrando ser un gran estratega, de gran inteligencia y una tenacidad en llevar adelante todos los proyectos que le eran encomendados. Fernando VI lo nombró gentilhombre de cámara y mariscal de campo. En sus propiedades de Alcora, donde tenía una fábrica de cerámica, se preocupó de los operarios, a los que les concedió el seguro de la vejez. En 1755 fue nombrado embajador en Lisboa y posteriormente ocupó diferentes responsabilidades y embajadas en otros países También fue director de Ingenieros de Artillería. Su gran franqueza y valentía le llevaron a plantear la modernización del ejército, pero se encontró con severos obstáculos, pues esta vivacidad no siempre fue del agrado de algunos personajes de su época. Las revueltas de Madrid dieron como consecuencia la decisión de la expulsión de los jesuitas de España, siendo el Conde de Aranda el encargado de depositarlos a pie de naves para que emprendiesen el éxodo por Europa. En 1789, tras la Revolución Francesa, acogió a los monjes y sacerdotes perseguidos para que continuasen sus quehaceres monásticos. Elegido presidente de Consejo de Castilla, apoyó a las sociedades económicas de Amigos del País, creó escuelas, montepíos y seguros para los trabajadores; abogó por el reparto de tierras a los braceros; favoreció los cauces de riego y navegación e impulsó el Canal Imperial de Aragón. Su visión reformista le granjeó grandes enemigos y Carlos III se deshizo de él nombrándolo embajador en París. Volvió al cabo de 14 años. Nombrado decano del Consejo de Estado en 1792, al mantenerse éste contrario a una guerra con Francia, le costó el destierro y murió en su palacio de Épila junto a su esposa. Hoy es un día de alegría. Esta nueva Logia Conde de Aranda levanta columnas en estos valles de Zaragoza para ser un eslabón más en la construcción y desarrollo de una masonería comprometida con la realidad de nuestro tiempo. Intenta avanzar con sentido crítico desterrando aquellos aspectos que, si bien en otro momento tuvieron su operatividad, hoy sólo pueden ser historia. El mundo ha avanzando en los últimos cincuenta años mucho más que en varios siglos y, desde esta realidad, la masonería no puede seguir aferrada a caducas contraseñas que el hombre de hoy no asume como propias. Estamos viendo cómo la masonería española desde su legalización es una de la organizaciones que menos ha logrado su implantación. Muchos masones abandonan nuestra institución en un corto período de tiempo. Unos lo hacen desde la masonería ortodoxa o anglosajona, en la que la censura a la libertad de pensamiento, la creencia en un ser superior, no respetar otra visión de la realidad o la no aceptación de la mujer dentro del proyecto masónico, han hecho de ella la propaganda mejor diseñada para ser juzgada por la opinión pública como una organización caduca y sin sentido en una sociedad donde las libertades han alcanzado cuotas insospechadas. También tengo que decir que la masonería adogmática, si bien ha superado las contradicciones mencionadas anteriormente, no ha logrado un despliegue que marque con claridad su adaptación real. Un puritanismo excesivo, sellado por un poso asambleario y a veces localista, no da la dimensión en los trabajos para ser una referencia suficiente capaz de asumir la dirección de esa masonería más acorde con el hombre de hoy. El inmovilismo y la repetición suponen la muerte de cualquier grupo humano. Asumir esta realidad no es un camino fácil. Por ello, deberemos incentivar un pensamiento crítico que sea capaz de entender y explicar el mundo en el que vivimos por medio del pensamiento y del compromiso, tomando conciencia de que hay una infinita sed por parte de hombre de buscar caminos que lo hagan más feliz. Hoy la masonería tiene un papel importante. Su filosofía y un método de trabajo bien ordenado nos darán las claves para modificar nuestra realidad dentro de la sociedad. He tratado de ser lo más frío posible en un espacio muy corto y por lo tanto mis razonamientos y convicciones están sometidas a la crítica y modificación. Yo sólo quiero dejar constancia con mis palabras, de que cuando alguien se propone alcanzar objetivos superiores hay que analizarlos en todas sus dimensiones y que el camino que tendrá que recorrer estará marcado por el esfuerzo y el sacrificio. La actitud de la Orden dentro y fuera de los templos masónicos, en un plano universal, está expresado en su confianza, en la dignidad de la naturaleza humana, quien en la convivencia, es capaz de superar dificultades, tanto materiales como morales, creyendo siempre que su fuerza y energía estarán al servicio del bien. Por todo esto, para nosotros los masones, la Francmasonería es la Institución de la moral universal y de la docencia humanitaria, enseñándonos a ser hombres. Su método docente, se asienta sobre un sistema de enseñanza dinámica, progresiva y activa. Es característica principal de este sistema, el empleo del lenguaje sugestivo antes que impositivo, alegórico y velado. Todo lo cual constituye el mejor estímulo al conocimiento y la razón para hacer una abstracción reflexiva y, como consecuencia final, una personal síntesis creadora. Por todo lo dicho, se puede decir que la preocupación fundamental de la Francmasonería es el hombre. Conocerse como ser humano individual y como parte de una sociedad polivalente y multidisciplinar, para que allí, transformado en un ser superior al medio, gracias al permanente operar con las herramientas que la iniciación progresiva le va entregando a lo largo de su vida masónica, se encuentre transformado en una referencia, que pueda ser considerada por sus congéneres en la diaria convivencia. Si al final de nuestras vidas seguimos viendo, sintiendo el hambre y la muerte sembradas por la propia mano del hombre, y sigue éste cada día demostrando que no ha sido capaz de defender sus grandes y únicas riquezas, la vida del Planeta -su propia vida-... mientras estos serios problemas no desaparezcan, nuestro deber es levantar la Francmasonería Universal. Repito, una actitud dialogante es el mejor medio para que en la conversación, donde se conjugan el lenguaje y la emotividad, lleguemos a los acuerdos necesarios dejando atrás los pactos frutos de negociaciones que siempre niegan el Yo de los dialogantes. Hagamos de todos la siguiente frase: «No pienses en el poco tiempo que falta y lo mucho que te falta, piensa en lo mucho que has hecho y en todo lo que eres capaz de hacer de hoy en adelante». Así el futuro de la Orden está asegurado. V.·.M.·. Jesús Aznar Septiembre 2002
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